12 de marzo de 2013

La amistad en la nómina: El chayote

Comentarios van, comentarios vienen sobre el manoseado 'chayote'. No hablo del fruto verde y poco apetitoso que vemos en el mercado, sino de una práctica casi ancestral y cada vez más común -o descarada- en los medios informativos.
Retomo el extracto de un texto de Edgar Onofre que ilustra muy bien en qué consiste 'el chayote'.
Por: Edgar Onofre
En su libro 'Los presidentes', el reportero Julio Scherer García ubica el origen del uso de la palabra chayote para referirse a la ayuda con la que los personeros del poder suelen cortejar (con éxito) a los reporteros. En 1966, el presidente de la ignominia, Gustavo Díaz Ordaz, inauguraba un sistema de riego en Tlaxcala mientras un funcionario de la Presidencia entregaba a los reporteros el embute, semioculto entre plantas de chayote. “¿Ves aquel chayote?”, decían los reporteros. “Están echándole agua. Ve allá”.
Desde entonces el chayote es para biólogos y botánicos el fruto de una planta trepadora de la familia de las cucurbitáceas, de tallo liso, delgado y muy resistente. Y para reporteros, editores, directores y fotógrafos de la prensa puede ser un discreto sobre, un viaje al extranjero, un posgrado para los estudiosos, una borrachera para los parranderos desinteresados, un auto o una casa para los que se cotizan fuerte y una ofensa o un error comprensible del funcionario para quienes resisten las tentaciones del erario.
Al chayote se le esconde o presume como el marido infiel al segundo frente (si el bígamo es discreto o los bigotes de la amasia no son digamos generosos, será asunto subrepticio. Si el adúltero es fanfarrón o la naturaleza fue munificente en carne y rostro de la beneficiaria, cabe esperar el alarde), pero es parte incuestionable de la ecología del periodismo nacional y en buena medida explica notas en interiores favorables a los funcionarios y, a veces, generosidades de por medio, alguna primera plana.
Para el chayoteador, es propina para el reportero de buenos servicios y una ayuda para que el pobre complete su magra quincena. Para los reporteros es motivo de indignación en doble sentido: se lamenta la tacañería del funcionario o se desprecia su intención corruptora. Es motivo de queja si el funcionario no reparte el pastel a satisfacción y motivo de burla con las peores intenciones para el reportero que se está haciendo calladamente rico.
El chayote también es certeza nacional. El lector asiduo tiene la certeza de que el periodista se vende. El atorrante vividor que goza la efímera miel de un cargo público tiene la certeza de que todo reportero tiene un precio. Frente a estos dos, el director y el dueño del medio cuentan con la certeza contable de un tabulador que tasa los montos.


El texto completo aquí.

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